Del estrés al cáncer. Un camino evitable

Científicos de universidades de China y de Estados Unidos han demostrado la relación directa entre el cáncer y el estrés. Hasta ahora esto se conocía empíricamente pero no se había llegado a demostrar científicamente.

Cuando sometemos a nuestro organismo a una exposición de estrés de nivel intolerable nuestro sistema inmunológico se deprime y es incapaz de neutralizar la formación tumoral porque las células NK (Natural Killer) que son las encargadas de destruir las células tumorales, no pueden llevar a cabo su función.

El profesor D. José Vidal Gómez en su libro “Psiconeuroinmunología”  (Edicions Universitat Barcelona, 2006) señala en el capítulo dedicado a la Relación entre la Conducta Humana y el Sistema Inmunológico que “…las células NK de los sujetos que mostraban mayor estrés y motivación de poder (tendencia a influir sobre los otros) tenían menor actividad que las células NK de los controles, mientras que las células NK de los sujetos con menor estrés y mayor motivación de afiliación (tendencia a buscar cooperación con los otros) tenían la mayor actividad.”

Una vez que hemos entrado en esta situación de debilidad de nuestro sistema inmunológico a causa del estrés la marcha atrás es muy difícil, cuando no imposible, y prácticamente solo queda el tratamiento médico convencional; cirugía, quimioterapia y radioterapia. Dolor, angustia, sufrimiento…

Pero hay una buena  noticia. Esa senda maldita, muchas veces mortal, la podemos evitar con sencillas técnicas de poderosa eficacia. La combinación de Técnicas Manuales como el Quiromasaje, de Técnicas Energéticas como el Reiki y, poniendo también de nuestra parte con la práctica frecuente de la Meditación podemos obtener resultados sorprendentes. Resulta milagroso. Pero el milagro no son las técnicas, que son neutras; el milagro eres tú.

Buda decía: “Si tiene solución ¿por qué lloras?” Y el Iluminado tenía razón.

Cuando somos capaces de tomar las riendas de nuestras emociones, de nuestra vida a fin de cuentas, decidimos conscientemente apartar de nosotros todo aquello que nos hace daño y procuramos llevar una forma de vida más próxima a la felicidad que a la desdicha. –Debe tratarse de un esfuerzo sobrehumano, muy difícil de llevar a la práctica. –Pensarás. Pero no. En realidad es mucho más fácil de lo que creemos. Se trata de una cuestión de tener algunas cosas claras; pocas, pero muy claras.

Veamos de qué manera podemos actuar para evitar adentrarnos en la senda del estrés maligno.

Primero. Darnos cuenta de que una sensación de estrés nos agobia. Escucha las emociones que sientes en tu cuerpo porque ellas son auténticos sensores energéticos que envían señales de alarma a nuestro cerebro a través de sensaciones físicas que normalmente se manifiestan en la cara anterior del cuerpo; desde la garganta hasta el bajo vientre. Puede ser una sensación de permanente desazón o desasosiego. O sentir angustia y opresión en la boca del estómago. O no poder respirar de forma fluida, normal; la respiración se hace a veces muy dificultosa. El ciclo normal del sueño se altera y no podemos descansar de forma eficiente.

Cuando esto suceda y sea recurrente, que se mantenga en el tiempo, además de la oportuna revisión médica que siempre hay que observar para descartar alguna patología que apunte hacia esos síntomas, no debemos hacer “oídos sordos” a las emociones y ahogarlas de la forma habitual como la hacemos; ingesta de tranquilizantes o ansiolíticos, consumo de alcohol y drogas de cualquier tipo, salir de compras de forma compulsiva, y un largo etcétera de acciones para no hacer caso a los mensajes que las emociones nos están enviando.

Por el contrario debemos gestionar nuestras emociones de tal forma que seamos capaces de comprender qué nos pasa y por qué. No puedes luchar contra un enemigo que ignoras quién es, cómo es y en dónde está. No des palos de ciego porque supone malgastar una preciosa energía que vas a necesitar en el futuro.

Segundo. En el punto de consciencia en el que te encuentras comienza a rodearte de elementos que te causen bienestar, satisfacción y felicidad. Pero no te equivoques y te arrojes en los brazos del consumismo patológico pretendiendo que las cosas que te rodean te van a dar todo aquello que necesitas realmente. No. La felicidad, la belleza, el amor, están dentro de ti y tú solo tienes que dejar que fluyan; no impidas que todo lo bueno que hay dentro de ti se remueva e inunde tu espacio exterior y toque a todo cuanto te rodea. Porque si actúas así estarás aprovechando los beneficios de la Ley de la Atracción y cuanto más das más recibes.

En este proceso debes aprovechar el tiempo en lecturas fértiles, en ejercicios de reflexión ecuánime, compartiendo el tiempo con tus seres queridos y procurando un ambiente que facilite el pensamiento positivo y el optimismo. Rechaza los “malos rollos” el negativismo y el pesimismo.

Aquí entran, aportando un gran valor añadido, las Técnicas Manuales y Energéticas de las que hablábamos al principio.

Recibe cada diez o quince días una sesión de Quiromasaje porque está científicamente demostrado que durante la sesión el organismo produce endorfinas y cerebelinas, las llamadas hormonas de la felicidad que, fabricadas por tu organismo, van a contribuir a que sientas, de forma natural, una sensación de alivio y bienestar.

Aprende Reiki y hazte un tratamiento diario. Es muy barato y eficaz. Además, podrás compartir con otras personas la técnica aprendida y realizar intercambios de Reiki de tal forma que ampliarás tu círculo de relaciones en otra dimensión totalmente nueva y estimulante. Déjate aconsejar por un Maestro de Reiki cualificado y descubrirás una faceta distinta que, sin duda, te hará vivir una realidad diferente, tu propia realidad.

Y también iníciate o entrégate a la práctica de la Meditación porque esta técnica te permitirá tomar distancia con cuanto te rodea y serás más ecuánime, te convertirás poco a poco en El Observador y sabemos que tomar distancia, analizar la situación con perspectiva, nos permite comprender mejor la realidad.

Es un proceso apasionante, incluso divertido, en el que se aprende y disfruta y, lo mejor de todo, te alejas de la senda peligrosa.

Lo contrario, dejarte llevar, permanecer inmerso en el estrés, la ansiedad, la angustia, lo único que te garantizarán es una vida desdichada de muy mal pronóstico y peor tratamiento.