El secreto de tus pensamientos. El optimismo.

Una persona optimista no es alguien con cara de alelada y una estúpida sonrisilla en la boca, a quien todo le parece maravilloso. No, la optimista es aquella persona que es capaz de afrontar una situación negativa con determinación de cambiarla y dar soluciones en la medida que ello sea posible.

Lo que sucede es que muchas veces no sabemos en qué forma debemos enfrentarnos a un problema y, ni mucho menos, aplicarle una solución. Efectivamente, no se puede aplicar un tratamiento terapéutico sin conocer el diagnóstico. Esto, lo de no saber a qué nos enfrentamos nos puede causar un estado de agitación, si barruntamos el peligro, o un estado de permanente ingenuidad en caso contrario. Y en ambos casos las consecuencias son negativas.

Un estado mental positivo requiere tener una actitud siempre abierta a toda la información que nos rodea, tener curiosidad por todo, porque quien abre sus ojos para ver empieza a comprender. Esto es lo que de verdad nos hace fuertes; el resto es mera técnica, aplicación de herramientas y recursos aprendidos.

Las personas, generalmente, aspiramos a tener un equilibrio físico y emocional. Manener nuestras rutinas tales como el trabajo, las amistades, la familia, todo lo que, en fin, hace que nuestra existencia sea placentera. Pero ¿qué sucede cuando alguno de estos pilares se tambalea? ¿Puede hacernos caer a nosotros también?

Pongamos por ejemplo la enfermedad. Es indudable que dependiendo de la actitud más o menos optimista que una persona tenga, la enfermedad le acompañará más o menos tiempo. Incluso hasta es posible que haya una cierta inmunidad a coger la enfermedad. Al hilo de este razonamiento viene a mi mente un chiste que dice: “Un hombre está rezando con devoción y le pide al Señor tener una salud de hierro. Y el Señor le hizo autónomo” Es un buen ejemplo de lo que estamos diciendo. Una persona empleada por cuenta propia, el autónomo, no puede permitirse “el lujo” de caer enfermo porque eso le hace perder dinero, no disponer de una renta de la que nunca se anda sobrado, siempre escaso. Y por eso los autónomos deben enfrentarse a los problemas profesionales con una determinación extra respecto de quienes no sienten esa necesidad.

Pero también sucede lo contrario. Está demostrado que cuando una persona pierde el nivel de estrés beneficioso para el organismo, es decir, mantener en funcionamiento las señales de alerta, su sistema inmunológico se desequilibra a la baja y es cuando progresa la enfermedad. Últimamente se ha observado un preocupante incremento de los casos de depresión y ansiedad en personas que han salido del circuito laboral (pre o jubilaciones) y no han encontrado una actividad constructiva o edificante, que les haga sentirse útiles. Intencionadamente excluyo de este grupo a las personas en desempleo por cuanto las circunstancias son diferentes aunque mucho más dramáticas.

Lo mismo sucede cuando otros elementos indeseables se cuelan en nuestra vida y rompen la armonía a la que nos referíamos antes.

Hoy en día la relación de pareja vive una crisis sin precedentes en nuestra historia. Sin entrar en valoraciones morales o éticas conviene destacar que la falta de actitud optimista ante los problemas, unido a la falta de asunción de responsabilidades familiares, conduce a decisiones, quizá precipitadas, de separación. Desde siempre la pareja ha sido el pilar fundamental para el mantenimiento de la familia. Cuando uno de los dos ha sufrido un revés, el que sea, el otro siempre ha estado ahí, excepciones aparte, para animarle y acompañarle con su aliento en el proceso de recuperación. Actualmente esto no siempre es así y muchas parejas ven en la separación el fin de sus problemas. Un error más.

También las relaciones laborales están experimentando un cambio que afecta a nuestro estado de ánimo. Es cierto que la crisis económica, la deslocalización industrial y la economía globalizada están influyendo negativamente en el comportamiento de muchas personas, pero también lo es que hay un cambio de actitud ante el trabajo como medio de vida. Hoy en día se valora más que nunca el derecho a disfrutar con plenitud del tiempo libre; menos trabajo y más ocio. Esto que aparentemente es obvio y natural encierra una perversidad tal cual es desligar emocionalmente al individuo de su medio de vida de tal manera que éste contempla el trabajo como una auténtica maldición bíblica. De ahí a la insatisfacción y, consecuentemente, a la actitud negativa.

Hemos repasado superficialmente unos cuantos elementos fundamentales en la vida las personas; su salud, sus relaciones de pareja, sus relaciones profesionales y su sistema de descanso o disfrute ocioso. Y en todos ellos vemos que la actitud de la gente es fundamental para conseguir su equilibrio.

No quiero ser fatalista pero, si observas a tu alrededor, si escudriñas la realidad en la que vives, te darás cuenta de cuánta insatisfacción e inseguridad emocional padecen nuestros vecinos, nosotros mismos, incluso. Y, en la mayoría de los casos por tener una actitud negativa y cerrada, con estereotipos equivocados que nos hacen ver la realidad de forma distorsionada. Lo que vemos en la televisión o en el cine no es verdad; es la realidad que otros quieren que veamos e incluso asumamos como propia. Eso es otra equivocación.

La vida puede resultar extraordinariamente rica con muy pocos elementos si se saben conjugar adecuadamente y siempre con un talante optimista. Pero es cierto que puede ser un infierno en caso contrario. Lo importante es que nos demos cuenta de que nosotros tenemos en nuestra mano la posibilidad de ir en una dirección o en otra.

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