El secreto de tus pensamientos. La ira y el odio.

H acía mucho tiempo que Mario se sentía absolutamente solo. Compartía su vida con su pareja, Silvia, una mujer de la que se había enamorado con locura hasta el punto de haber roto con su forma de vida pasada basada en comodidades y despreocupaciones. Durante algunos años habían viajado por lugares lejanos y exóticos o por otros destinos meramente turísticos pero siempre habían disfrutado con plenitud su relación. Sin embargo los dos últimos años habían supuesto un cambio de tendencia que se manifestaba en la falta de ilusiones, compartidas o individuales y en una abúlica relación en la que incluso las caricias brillaban por su ausencia. ¿Qué había sucedido para sufrir este tremendo cambio?

Mario era un brillante profesional con una prometedora carrera en el sector de la auditoria en el que se había ido labrando prestigio y consideración entre los socios de su compañía. La fuerte competencia por alcanzar puestos de más responsabilidad le había exigido multiplicar sus esfuerzos hasta límites inaceptables. Intensas jornadas de trabajo desembocaban, con excesiva frecuencia, llevando trabajo pendiente a casa en donde después de cenar, tras breves encuentros con Silvia se encerraba en su estudio para acabar un trabajo que nunca acababa. – ¿Por qué no vienes a dormir? Le sugería Silvia desde el dormitorio. – Seguro que mañana podrás terminarlo después de que hayas descansado. Pero Mario vivía obsesionado por consolidarse en la empresa. No podía consentir a estas alturas que algunos compañeros suyos, tan infatigables como él, ocupasen el cargo al que se sentía con pleno derecho. Además, estaba Fernando, un trepa, pensaba Mario, que no perdía ocasión de estar siempre, en el momento oportuno, junto a los directores y socios de la compañía.

La ansiedad que le provocaba esta situación le había llevado a una alimentación basada en comida rápida en los muchos establecimientos de la zona de su oficina y las constantes visitas a las sedes de sus clientes también le hacían llevar una dieta desequilibrada y dañina. Lejos habían quedado los tiempos en los que Silvia y él quedaban con frecuencia en su restaurante vegetariano favorito en donde disfrutaban con tranquilidad de una deliciosa comida en un ambiente relajado. La consecuencia de tan inadecuada ingesta y forma de vida era un exceso de peso que le impedía hacer aquél beneficioso ejercicio físico de antes.

Un día Silvia llegó más pronto de lo habitual, hacia la media tarde, abrió la puerta de su piso y se encontró con la sorpresa de ver a Mario tumbado en el sofá viendo la televisión. – ¿Qué tal cariño, te encuentras bien? Preguntó Silvia con cierto aire de preocupación porque no era en absoluto normal que a esas horas Mario hubiera vuelto del trabajo ¡y menos para tumbarse a ver la televisión!

– Nada, estoy bien, respondió Mario con voz cansina para continuar con la vista perdida en la pantalla del televisor. Aquella noche la pareja se fue a la cama a la misma hora después de una aburrida cena en la que Mario dio buena cuenta de la bandeja de los embutidos; últimamente comía con voracidad y siempre comida frita y con exceso de grasa. Las sugerencias de Silvia por la cocina natural y fresca no le llamaban la atención. Esa noche no durmieron bien; Mario no dejaba de dar vueltas  de un lado para otro de la cama y eso despabilaba a Silvia impidiéndola conciliar nuevamente el sueño. También supuso un cambio que se repitió noche tras noche haciendo que Silvia, ante la falta de comunicación de Mario, fuese suponiendo un escenario muy poco esperanzador en cuanto a su futuro como pareja.

La reunión prevista a las diez de la mañana estaba a punto de empezar. En los prolegómenos los asistentes bromeaban haciendo comentarios intrascendentes esperando a que llegase el socio-director para presidir el acto. Mario se había percatado de que Fernando no había llegado todavía y eso le intranquilizaba porque no entendía qué motivo pudiera haber para su retraso teniendo en cuenta la importancia de los temas a tratar y, especialmente, la asignación del nuevo responsable del recién creado área de negocio estratégico, puesto que Mario anhelaba y al que se creía merecedor sin duda alguna después de tanto tiempo de dedicación y sacrificio. Además, pensaba Mario, su relación personal con los socios de la firma era excelente hasta el punto de que con cierta frecuencia las charlas con ellos sobrepasaban lo estrictamente profesional para abarcar temas más personales. Pero eso mismo sucedía con Fernando a quien Mario había llegado a odiar profundamente debido a que representaba un serio peligro para sus aspiraciones dentro de la firma.

Últimamente Mario no tenía una gran comunicación con Silvia la cual era ajena a esa nube diabólica de ideas que noche tras noche le atormentaba y le impedía el sosiego. Él sabía que Silvia tenía una íntima amiga siempre dispuesta a escucharla y darle su mejor opinión. En el fondo Mario sentía envidia por ello puesto que él no tenía a nadie; la dinámica de su trabajo, arrolladora e individualista le impedía contemplar a otra persona con confianza para manifestarle sus preocupaciones. Efectivamente, Mario estaba sólo; y se sentía sólo.

El socio director apareció en la sala de reuniones acompañado de Fernando quien ofrecía una amplia sonrisa en su rostro que bien pudiera ser el preludio de alguna noticia importante. El socio director se sentó en la cabecera de la mesa presidiendo la reunión y solicitó que Fernando se sentase a su lado. Mario sentía que su estómago se revolvía y empezó a sudar y a notar una opresión en su pecho.

Terminada la reunión Mario sentía ira y odio hacia Fernando; y la misma ira le impedía actuar con serenidad ante sus compañeros y jefes quedando en evidencia su falta de control para dominar una situación adversa como esa. En la adversidad es donde se conoce a las personas tal y como son realmente, había oído decir a Silvia en alguna ocasión. Ella le había repetido en muchas ocasiones que debía serenarse respecto de su trabajo, que se lo tomase con interés pero nunca como una obsesión. Y que tuviese en cuenta que lo importante en la vida no era llegar a algún sitio, sino el camino en sí mismo, el discurrir de la vida con toda su carga de sensaciones y emociones.

Mario, con sus pensamientos negativos había atraído hacia él todo lo que no deseaba, justamente todo aquello en lo que pensaba. Según había leído en alguna parte la Ley de la Atracción había funcionado como siempre lo hace, con precisión y de forma inexorable. Además había centrado su vida en preocupaciones, se enfadaba con frecuencia y el odio hacia algunas personas que él suponía que eran sus adversarios o enemigos le había impedido ver las cosas con objetividad. Como consecuencia de todo ello la ira le embargaba y la había lanzado contra él mismo, de forma inconsciente, agrediendo a su cuerpo y a su alma y habiendo sacrificado su relación de pareja con Silvia, relación que quizás sería muy difícil de restablecer.

Esta es una historia que bien podría haber sido extraída de la realidad porque todo lo expuesto en ella forma parte, desgraciadamente, de los malos hábitos que poco a poco vamos adquiriendo y de la poca importancia que le damos a las relaciones personales basadas en el respeto mutuo. Ser amables con los demás y agradecer los dones recibidos son una buena manera de discurrir por este camino maravilloso que llamamos vida.

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