El secreto de tus pensamientos. El miedo.

S ilvia se había levantado esa mañana con una extraña sensación en el abdomen, desde la boca del estómago hasta el bajo vientre, que le provocaba desasosiego y malestar. En un primer momento lo asoció con la cena de la noche anterior. A pesar de haber modificado sus hábitos alimentarios gracias a las indicaciones de su experta en nutrición y al consumo de productos naturales adquiridos en su tienda ecológica favorita, su estado de ánimo de las últimas semanas le creaba una ansiedad que la llevaba a comer de forma casi compulsiva todo cuanto encontraba en las estanterías de su cocina y del frigorífico. Mario, su pareja, apenas advertía la situación porque estaba absorto en los problemas de su trabajo y bastante tenía, pensaba él, con poder repantingarse en su sillón un rato por la noche y ver la televisión hasta quedarse dormido.

Hacía tiempo que renunciaron a algunos proyectos que les habían ilusionado cuando se conocieron y decidieran llevar una vida en común. Ya los viajes no les satisfacían como antes hasta el punto de que últimamente se habían convertido en algo aburrido y fuente de frecuentes discusiones. Sin darse cuenta de ello estaban siendo engullidos por la rutina diaria y renunciando inconscientemente a disfrutar con plenitud de todo cuanto nos rodea.

Sin embargo Silvia sentía que algo importante iba a suceder, algo que cambiaría su vida de forma drástica porque en su interior se estaba formando una borrasca, una tormenta de ideas, a veces contradictorias, extrañas e incluso extravagantes otras, pero todas ellas apuntando en una sola dirección; el cambio. Pero, por otro lado, algo la atenazaba y no sabía el qué. La creaba angustia porque cuando intentaba poner en orden sus ideas y establecer prioridades y objetivos se sentía bloqueada, inmóvil. No sabía Silvia entonces que el miedo se estaba apoderando de ella. Vivía en una constante preocupación.

El miedo es una de las peores emociones que se pueden experimentar porque en muchos casos es provocado por una percepción de peligro que no siempre es real. No hay nada que nos amenace o nos ponga en peligro de naturaleza alguna. Miedo al cambio; miedo hacia lo desconocido. Esto es lo que experimentamos, aún sin saberlo, cuando debemos enfrentarnos a un cambio del que no estamos seguros de querer hacer o del que no tenemos bien calculadas las consecuencias; y esto nos corroe por dentro y, a veces, hace que sintamos una sensación de impotencia cuando no de baja autoestima.

Al otro lado del teléfono se encontraba Laura, amiga de Silvia desde aquellos tiempos de niñez en los que juntas compartían colegio, juegos, sensaciones. Crecieron juntas y así continúan. No hay día que pase sin que se hayan llamado por teléfono para saber la una de la otra. Han reído, y ríen; han llorado, y lloran, siempre juntas, compartiendo una inquebrantable amistad.

– ¿Estás segura de querer plantear a Mario una separación? Le preguntó Laura con un tono de desconcierto. – No estoy segura de nada, Laura. Lo que sé es que así no puedo continuar y que necesito un cambio en mi vida, encontrar un camino por el que discurrir y sentirme feliz, contestó Silvia.

Laura le dijo que todo lo que ella desease lo conseguiría. Había leído recientemente un libro que le había impresionado en el que se afirmaba que todo cuanto uno desea lo consigue, pero que cuyo secreto reside en desearlo fervientemente, con decisión y sin temor o duda. Le dijo a Silvia que esperase un poco para hablar con Mario, que no se precipitase. Le recordó un antiguo proverbio que dice que hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida.

– Quizás no sea el momento adecuado, Silvia. Sosiégate e intenta poner en orden tus ideas. ¿Quieres que salgamos a cenar y charlamos tranquilamente?

Las dos amigas se encontraban sentadas en la terraza de un restaurante saboreando unos refrescos antes de pedir algo para tomar. Ya era verano pero la temperatura resultaba muy agradable y el ambiente invitaba a la relajación y a la comunicación tranquila, esa que nos permite sacar conclusiones válidas

– Es que no consigo poner en orden mis ideas, Laura, le decía Silvia con tono tranquilo. – Sé que tengo que hacer algo pero es que tampoco consigo saber qué es lo que está sucediendo, no sé, me encuentro confusa y bloqueada.

– Mira Silvia ¿por qué no me haces caso y dejas que intente ayudarte en esto? Conozco a una persona que seguramente puede hacer algo para que consigas ir centrando tu problema. Se trata de mi terapeuta de Reiki. – ¿Reiki? Le preguntó Silvia frunciendo el ceño con cara de asombro – ¿De qué va eso del Reiki? Inquirió ella.

Laura le comentó que tiempo atrás, cuando murió su madre, después de una dolorosa enfermedad, ella quedó abatida porque habían tenido una relación basada en sentimientos contradictorios. Cuando se encontraban juntas terminaban en agrias discusiones que las separaban. Y cuando estaban distanciadas, no solo físicamente, se necesitaban la una de la otra. Sea como fuere, la herida entre ambas siempre se encontraba abierta y así estaba cuando la madre de Laura dejó este mundo. Desde entonces Laura quedó sumida en un estado de tristeza y un sentimiento de vacío que intentaba llenar desesperadamente con muy poco éxito. Gracias a un amigo, terapeuta de Reiki, Laura no cayó, posiblemente, en una depresión o en cualquier otro estado de desequilibrio emocional y mental. Durante meses fueron dando sesiones de Reiki en las que, además de aplicar la técnica manualmente, habían establecido una comunicación verbal en torno a todo lo que Reiki propone para tener una existencia equilibrada. El resultado fue positivo hasta el punto de que Laura había sanado su pasado y se encontraba con fuerza para asumir el futuro con fortaleza y decisión.

Silvia escuchaba con atención todos y cada uno de los detalles que Laura le iba desgranando poco a poco. Comenzó a darse cuenta de que su problema podría no tener un sólido fundamento y también que de tener un problema seguramente disponía de una alternativa para enfocar la solución.

Esta historia nos enseña varias cosas; primero, que somos lo que pensamos y que nuestros pensamientos condicionan nuestras emociones y que éstas a su vez conforman nuestra actitud. Por tanto, es fundamental tener un pensamiento positivo. Este es el punto de partida. Por otro lado debemos destacar el aspecto de la comunicación entre las personas porque es la mejor referencia externa que tenemos para enfocar todo tipo de cuestiones. Y, por último, saber que hay alternativas naturales como pueden ser las Técnicas Manuales y el Reiki que nos pueden ayudar significativamente en nuestros procesos de tratamiento de problemas de la índole descrita anteriormente.

En sentido contrario, tener una actitud mental negativa, no enfrentarse a los problemas y pensar que ya pasarán, el tiempo todo lo cura y no tener amigos o familiares en quienes confiar plenamente, es el mejor caldo de cultivo para entrar en conflicto mental y emocional.

La solución, como siempre, está en nuestras manos porque nosotros, todos y cada uno de nosotros, somos los creadores de nuestro destino.

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